Haber sido librados,
Haber sido puestos, en lugar seguro;
Haber avanzado, por la gracia, poder de Dios,
Es una, posición gloriosa,
Para aquél, que se destruía.
Mas el volver, a considerar el pasado,
Aquello mismo, que cerca estuvo, a extinguir,
Condición de rebeldía, indisciplina;
Ingratitud abierta, con firma, del autor.
Perecerán, los que se alejan,
El que se aparta, destrucción vendrá;
Ya que alejados, de su sombra,
Que otro, amparo hay;
Excepto, presa fácil,
Será el marchante,
Por entrega de llaves,
Al aniquilador.
Nadie vuelve, al desperdicio,
Excepto, que en ello tengan,
Encuentren, deleite, valor;
Aquello que, en sus mentes turbadas,
Califiquen, como tal.
Hay al igual, algunos,
Que persisten, en el error,
En aquello, que los distancia,
más y más;
A tal lejanía, que la voz del
Señor,
Ya no perciben, no son sensibles,
a su presencia;
Costras de pecado, se han
apoderado, de su ser.
No podrá haber, otro resultado,
En la vida, de todo hombre,
Que se distancia del Señor;
Esto solo puede ser,
Una vía, de destrucción.
Es imposible, haber arribado,
A otro puerto, de bendición;
Aunque ante los espejismos, de este mundo,
Todo pareciera, de gran esplendor;
Publicidad, fama, fortuna;
Senderos, con sus espinas, decepción.
¿Cuántos volverían, a un camino minado?
¿De un abismo librado, volverse a lanzar?
Habiendo sido puestos, en senderos de reposo;
En camino de bien, en donde reposa, felicidad,
En donde morada tienen, con su Señor;
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