Jesús, me habló,
Conociendo, mi estado,
Tiempo, dedicó hacia mí;
Otros, me rechazaban,
Nadie de mi persona, quería parte,
Mi forma de vida, así lo merecía;
Pero, cuando Él me habló,
Por primera vez, pude ver, mi condición.
Escuché, sus Palabras,
Todo, cuanto decía.
¿Por qué sabiendo, lo promiscua que era?
¿Este santo Hombre, allí quedó?
Él sabía, que al pozo iría,
A la hora exacta, que estaría,
Y allí sentado, me esperaba,
Aunque yo, no lo sabía.
Tuve un encuentro,
Sin buscarlo, Él me encontró;
Cada Palabra que de Él emanaba,
Era invitación, no despedida,
Era solución, no me maldecía;
Mientras Jesús, me hablaba,
Se abrían las puertas, de mi alma.
Él me ofrecía, agua de vida,
Pero mi condición, no lo permitía;
Hasta que entendí, que la voz de Dios, oía.
Mis hechos, por Él conocido,
Mi condición, de caminos prohibidos,
Pero llegó a lo profundo de mí ser,
Llegó a mi tristeza, necesidad;
Me extrajo, de aquel cieno, en que me hundía,
Para verter, aquella fuente, de agua viva,
De la que bebo, para eternidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario