Uno, habitaba en el temor,
En tanto que
el otro, veía victoria;
Uno contemplaba,
Lo imposible,
de la situación;
El otro, todo
lo que se puede,
Alcanzar
obrando, procediendo,
En el nombre,
de Jehová.
Uno vencido, antes de haber iniciado,
el otro, saboreando la victoria,
el otro, saboreando la victoria,
En camino, al
enfrentamiento.
Uno, creando todas las dudas,
El otro
viendo, las oportunidades;
Uno, contemplando al gigante,
El otro, descansado,
En la
grandeza, de su Dios;
Uno derrotado, en su interior,
El otro
celebrando,
Con su fe, en el Señor.
Cuando, el Espíritu de Dios,
No rige una
vida,
Cuando su Espíritu,
Se ha
apartado, de ella;
Solo queda,
Razonamiento,
humano,
Tendencias, naturales,
Que jamás
podrán,
Ascender, al
plano espiritual.
Difícil es concebir,
Pensar que
ambos,
Han estado
expuestos,
Al mismo Dios,
El Todopoderoso.
Uno creciendo, usado por Él,
En tanto el
otro,
Empeñado,
desviado,
Del lugar, en
que dio inicio;
Y sin percatarse, del cambio en su vida,
De la ausencia,
de comunión,
Con su Dios.
Cuando se antepone,
A la fe elementos,
Humanas tendencias;
La estructura
espiritual,
Es alterada,
de ella distanciada.
Aquella vida,
Se va armando,
De carnalidad,
Volviendo a
edificar, entretener,
Aquello del
cual, había sido rescatado.
La rebelión contra Dios,
Es desobediencia, a su Palabra,
Esa posición, de Él rechazo,
Implica castigo, tiempo acortado.
Él se place, en la obediencia,
En la aceptación, de sus ordenanzas,
Toda acción contraria,
Rechazo, del lugar, que se estaba.
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