En la inmensidad de una vida,
En la profundidad de una herida,
Allí yace evidencia de peligro,
Que, en ella siempre habrá;
Ya que, de esa oscura celda,
En donde se aprisionan acciones,
Puede expulsar evidencias,
De muerte, desastre, más.
Sólo aquel,
Que temor a Dios, su lámpara es,
Puede encontrar salida,
De esas negras horas de tortura;
Que se esfuerza, librarse quiere,
Con venganzas, repudios, veintenas.
Empero, la paz llega,
En prisiones permanentes,
De todo el amotinamiento,
Que, por un tiempo corto,
Pareciera que vencería.
Mas la libertad llegó,
Perdón a los demás,
La venganza cobró nada,
Porque sufrió pérdidas, por Jesús.
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