No supe que me amabas,
No entendía amor,
Escuché la palabra,
Pero Tú, le diste
definición.
Nunca consideré la
importancia,
Sólo hubo cosas que
oí;
Vi lágrimas que se
desplazaban,
Sobre mejillas, que
lo ansiaban tener.
Aun no lo entiendo,
Sin buscarlo me
encontró;
Aquella fuerza me
envolvía,
Dejar no puede su
realidad.
Habiendo sido
alcanzado,
Su presencia no puedo
negar;
Llenó un espacio
irremplazable,
Otra presencia, no
tiene lugar.
Cosas tan hermosas
has dicho,
Palabras que nunca
escuché,
Fueron registradas en
el alma,
De allí nada lo
despojará.
Ahora pertenezco, es
el Señor;
El sello presente,
propiedad de Dios;
De un vil, perdido, por
Cristo redimido;
Parte de su pueblo,
mi Pastor.
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