Es bueno que llores,
Que le hagas saber al
Señor
Que no puedes más;
Es mejor que te
sinceres,
Buscando recibir, lo
que sólo Él
Te puede entregar.
Descanso para tu
alma,
Reposo de tu pesar,
Tu opresión
desarticulada,
La Ira neutralizada,
Venganza a Él
trasladada.
Es vital la entrega,
De todo cuanto
aqueja;
Dejar en sus manos
Al que sí resuelve,
De modo que lo
torcido se endereza;
Cubierto de miel la
amargura,
Hace florecer la
plácida vida,
Que no se debió
despedir.
Es necesario que
resuelva,
Todo lo oculto en tus
entrañas;
Purgado de las
plagas,
Librado de los
desvelos por tropiezos;
Es importante tu
retorno,
Al altar, en donde
adoración invoques,
Permitiendo resurgir
el gozo,
Que interrupción
tuvo, por amargura.
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