Fue en la barca, que
su fe fue probada,
Fue estando, con
ellos Jesús;
Fue en esa instancia,
en donde temor cubría
Sus ojos aún cegados,
ante quien todo se somete.
Ausencia de fe,
dominio del temor;
La barca anegaba,
empero el Señor allí estaba;
De Él no se asieron,
no en Él quedaron;
Fue mayor a sus ojos,
la existente amenaza.
De Él asido, si temo;
Junto al Redentor, si
me estremezco;
Humana naturaleza,
que la fe rebase,
Provoca humanidad,
olvido a Él mirar.
Pero, si junto a Él
permanezco,
Las olas, la barca,
Amenazas, empero Jesús;
Solo no estoy, no
puedo estar,
En su voluntad,
alumbrado voy.
Aun esa hora no
definía,
Ni la muerte reclamar
podía;
Imposible hablar ante
Vida,
Ante la presencia que
resucita.
Salidos de la barca,
Nada podría ser
igual;
Vieron a Jesús al mar
callar,
Sintieron el impacto,
de su majestad.
Cuando ya no
estuviera,
En su humanidad con
ellos,
Algunos hechos más
los preparará,
Por encima, de toda
tempestad.
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