miércoles, 26 de abril de 2017

NADA HAY AJENO A ÉL Y SU MISERICORDIA



Mientras uno llora,
Otro ríe;
Uno cabalga,
Otro camina;
Otro ser, se le concede vida,
Otro, se le hace saber, culmina.

Un nuevo empresario,
Próspero, en su haber;
Un entristecido, mercante,
No supo, sus bienes, disponer.

El obrero labora,
Algún juicio, en proceso;
Los niños al colegio,
Alguien clamando,
Al Dios eterno;
Inundaciones, al este,
Torres, construyen al norte;
Alguien de la campiña, del campo,
Llega a la capital, ensueño.

Un humilde, vende frutas,
El pudiente, transacciones exitosas;
El estudio, de alguno interrumpido,
Por falta de fondos, mayor esfuerzo;
La carrera de otro completo,
Sin mucho esfuerzo, empleo;
Recorre, recorre el hombre,
Anuncio, no hay vacante.

Todo en un día, acontece,
Todo en un día, sorprende,
Todo en un día, variantes,
Para algunos más,
Otros, en su clamor, están.

Mas nada hay, que transcurra,
Ajenos, a los ojos de Dios;
Èl está, en todo lugar,
En todo tiempo;
Atiende, por igual a todos,
Ya que en su interés, está presente,
Entre lo alto, el medio, lo bajo.


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