Anuncie a la necedad, que se detenga,
A la negligencia, que se alerte,
Al déspota, que se retire,
Al indolente, que despierte.
Al enervado, que cobre ánimo,
Al desánimo, que ayude a otros,
Al errado, que es tiempo de cambio;
A la imprudencia, no prosiga.
Al pobre que sea diligente,
El acaudalado, considerar al desdichado;
Al preparado, no menosprecie a su hermano;
Al prejuicio, que vuelva al abismo.
Es en el mensaje, donde radica el peligro;
En las palabras, donde se levantan influencias;
En las tendencias, donde quedan las siembras,
De la indecencia, la ruina de tantos.
¿Qué se estará esparciendo?
¿Quién dará la voz que encauce a otros?
¿Quién atenderá lo que se expresa?
¿Quién ignorará y extenderá desdichas?
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