No se puede ni
concebir,
Pero allí estaba,
Colgado de la cruz,
el Hijo de Dios;
El mal, con toda su
fuerza,
Contra el Mesías
embistiendo;
Todo pecado que hubo,
habrá,
Aquel día reunido, y
sobre Él está.
Y la muerte estaba
presente,
Con el aguijón que no
se detiene,
Empero tocó el
cuerpo,
Del que vive para
siempre;
El sepulcro que
sella,
En victoria su presa,
Tuvo aquel día orden
alterado,
Porque allí estuvo quien
resucita.
En la cruz lo
clavaron,
Entre ladrones y
rechazos,
Frente a aquellos,
que así lo pedían;
Mas, lograron no su
agenda,
Porque Jesús no lo
mataron;
Despidió Él su
Espíritu,
Para cumplir con el
pago por pecado,
No propio, de todos,
No de algunos, del mundo.
Vive y da la vida;
Salva y es quien
sana;
Retorna, no como
Cordero,
El León de Judá;
Retorna por los
suyos,
Vuelve para juzgar.
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