Elevo
mi mirada a los montes,
No
en busca de ayuda;
Empero
sabiendo que mi socorro,
Proviene
de lo alto,
Del
Creador de los cielos y de la tierra,
Jehová
es mi amparo.
Por
ello no habrá accidentes,
Lo
que permita será,
Adormecido
no queda, el que te guarda.
Ciertamente,
el cansancio, el sueño,
Nunca
está con el que guarda a Israel.
Jehová
es el que nos guarda,
Jehová
es Aquél que está a tu mano derecha.
Fatiga
no hay en el día por los efectos del sol,
Ni
alteración hay por la presencia de la luna de noche.
De
todo mal guarda Jehová,
El
alma está a su cuidado.
La
salida y la entrada de todo aquél,
Guarda
Jehová desde este momento y para siempre.
Hacia
donde se tenga que ir y en el momento del retorno.
Nuestra
fuente única como medio de amparo y fortaleza es nuestro Dios. No en algunas
circunstancias, empero en todas y cada una que hay y que se presentará. Esta
será la declaración, la seguridad, confianza de todo fervoroso.
El
creyente jamás tiene o debe de tratar de encontrar respuestas en lugares que
solo brindarán u ofrecerán acondicionamientos temporales, cuando ya habita en
Aquél que posee la solución, la respuesta, la salida gloriosa de toda
condición, reto o desafíos. Y si así hiciera, ¿con qué objetivo? ¿El moverse
hacia dónde? ¿Reemplazando al Señor?
Hay
socorro en medio de todo mal, circunstancia; el socorrista es el Creador,
Arquitecto de todo cuanto ha sido creado. ¿Qué más podemos anhelar?
Al
igual hay una garantía para el creyente, mientras se permanezca en la voluntad del
Señor, dice la Palabra:
“No
dará tu pie al resbaladero...”
No
hay accidentes, si algo acontece es porque el Señor lo ha permitido con un
propósito santo, dentro de su plan divino.
Al
igual hay una eterna seguridad: “...no se dormirá el que te guarda”.
El
mismo Soberano, Todopoderoso que guarda Israel, ciertamente es el mismo que
vela por el pueblo santo, todo creyente.
El
que está protegiendo, cuidando, guardando el depósito de fe y confianza en Él;
es el Autor de nuestros días, su nombre es Jehová. Es Él, el que está siempre
presente, por ende el pueblo está siendo atendido.
Nada
puede sobrevenir del cual el creyente no comprometido no estará guardado, no
hay mal que se pueda levantar o pueda ser creado el cual pudiese representar un
reto para el Señor.
De
toda adversidad, maquinación, perversión; todo aquello opuesto al bien, Jehová
es quien ampara a los suyos. Por ende si de los males externos se está
guardando de cierto es que el alma que a Él pertenece a su cuidado está, es
imposible tocarlo, es de su propiedad.
Del
trono del Supremo Dios desciende la protección de las salidas que se llevan a
cabo, y de los retornos, todos por Él resguardados. Y este bien que se recibe
de Él no es inconstante, temporal o reemplazable, aquel refugio en Él es para
siempre, para todas las edades, por los siglos de los siglos; tanto en el plano
humano como el espiritual.
No
hay escases, abundancia: fuerza o debilidad que desconozca el Señor de la
manera que impactará o afectará. Los dolores, enfermedades, humanamente estarán
o vendrán, mas Él al igual tiene la respuesta para ello, sin embargo en sus
caminos inescrutables o difíciles de comprender en instancias lo permite
permanecer.
Y
en medio de lo que el Señor permita el mensaje continúa siendo:
“...Bástate
mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena
gana me glorificaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el
poder de Cristo” (2 Corintios 12:9).
Evangelista: Alejandro Louison
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