miércoles, 11 de enero de 2017

SALMO 121 (PARAFRASEADO) INTERPRETADO



Elevo mi mirada a los montes,
No en busca de ayuda;
Empero sabiendo que mi socorro,
Proviene de lo alto,
Del Creador de los cielos y de la tierra,
Jehová es mi amparo.
Por ello no habrá accidentes,
Lo que permita será,
Adormecido no queda, el que te guarda.
Ciertamente, el cansancio, el sueño,
Nunca está con el que guarda a Israel.
Jehová es el que nos guarda,
Jehová es Aquél que está a tu mano derecha.
Fatiga no hay en el día por los efectos del sol,
Ni alteración hay por la presencia de la luna de noche.
De todo mal guarda Jehová,
El alma está a su cuidado.
La salida y la entrada de todo aquél,
Guarda Jehová desde este momento y para siempre.
Hacia donde se tenga que ir y en el momento del retorno.

Nuestra fuente única como medio de amparo y fortaleza es nuestro Dios. No en algunas circunstancias, empero en todas y cada una que hay y que se presentará. Esta será la declaración, la seguridad, confianza de todo fervoroso.
El creyente jamás tiene o debe de tratar de encontrar respuestas en lugares que solo brindarán u ofrecerán acondicionamientos temporales, cuando ya habita en Aquél que posee la solución, la respuesta, la salida gloriosa de toda condición, reto o desafíos. Y si así hiciera, ¿con qué objetivo? ¿El moverse hacia dónde? ¿Reemplazando al Señor?
Hay socorro en medio de todo mal, circunstancia; el socorrista es el Creador, Arquitecto de todo cuanto ha sido creado. ¿Qué más podemos anhelar?
Al igual hay una garantía para el creyente, mientras se permanezca en la voluntad del Señor, dice la Palabra:
“No dará tu pie al resbaladero...”
No hay accidentes, si algo acontece es porque el Señor lo ha permitido con un propósito santo, dentro de su plan divino.
Al igual hay una eterna seguridad: “...no se dormirá el que te guarda”.
El mismo Soberano, Todopoderoso que guarda Israel, ciertamente es el mismo que vela por el pueblo santo, todo creyente.
El que está protegiendo, cuidando, guardando el depósito de fe y confianza en Él; es el Autor de nuestros días, su nombre es Jehová. Es Él, el que está siempre presente, por ende el pueblo está siendo atendido.
Nada puede sobrevenir del cual el creyente no comprometido no estará guardado, no hay mal que se pueda levantar o pueda ser creado el cual pudiese representar un reto para el Señor.
De toda adversidad, maquinación, perversión; todo aquello opuesto al bien, Jehová es quien ampara a los suyos. Por ende si de los males externos se está guardando de cierto es que el alma que a Él pertenece a su cuidado está, es imposible tocarlo, es de su propiedad.
Del trono del Supremo Dios desciende la protección de las salidas que se llevan a cabo, y de los retornos, todos por Él resguardados. Y este bien que se recibe de Él no es inconstante, temporal o reemplazable, aquel refugio en Él es para siempre, para todas las edades, por los siglos de los siglos; tanto en el plano humano como el espiritual.
No hay escases, abundancia: fuerza o debilidad que desconozca el Señor de la manera que impactará o afectará. Los dolores, enfermedades, humanamente estarán o vendrán, mas Él al igual tiene la respuesta para ello, sin embargo en sus caminos inescrutables o difíciles de comprender en instancias lo permite permanecer.
Y en medio de lo que el Señor permita el mensaje continúa siendo:
“...Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me glorificaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9).

Evangelista: Alejandro Louison


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